PRIMERA PARTE — CLARIDAD
Capítulo 4 de 10
Prioridades
La adicción altera tus prioridades. Cuando tu adicción se convierte en tu prioridad, necesariamente tienes que relegar algo más a un segundo plano. Y ese algo es cuidarte y atender tus necesidades básicas.
Esas necesidades son, por supuesto, los cimientos de tu vida. Descuidarlas, aunque sea un poco, puede afectar considerablemente a tu bienestar general. Hay que reconocerlo, decirlo con claridad y ponerle remedio, por muy obvio que parezca.
Abraham Maslow propuso su teoría de la jerarquía de las necesidades en un artículo de 1943 titulado A Theory of Human Motivation.1 Esta teoría ofrece un marco para entender qué necesitamos atender en nuestra vida si queremos alcanzar el equilibrio y desarrollarnos. Para nuestros propósitos, nos ayuda a decidir qué conviene priorizar y resolver antes de pasar a necesidades de orden superior. Como muestra el siguiente esquema, la jerarquía puede dividirse en cinco niveles.
La base ancha de la jerarquía, tal como suele representarse, corresponde a las necesidades fundamentales, incluidas las indispensables para sobrevivir: aire, agua, alimentos y refugio. Son universales y esenciales para todo el mundo. En el extremo opuesto, la estrecha punta de la pirámide representa la autorrealización: el proceso continuo de desarrollar tu potencial y construir una vida satisfactoria. Satisfacer las necesidades de los niveles inferiores proporciona una base sobre la que atender las de los niveles superiores.
Paradójicamente, a veces empezamos a beber para sobrellevar necesidades insatisfechas en los niveles superiores de la jerarquía: la falta de pertenencia o de autoestima, por ejemplo. Pero, cuando beber pasa a ocupar el primer lugar, podemos acabar desatendiendo incluso nuestras necesidades más básicas.
Podemos adaptar esta jerarquía para ilustrar cómo cambia el alcohol nuestras prioridades. La primera vez que bebes, el alcohol ocupa algún lugar hacia la mitad de la pirámide. Pero, con el tiempo, va descendiendo cada vez más en ella. A medida que baja, otras necesidades tienen que cederle sitio hasta que, finalmente, el alcohol ocupa la base. Se ha convertido en tu prioridad número uno.
Nunca estás realmente presente, porque tu mente está obsesionada con lo que considera tu necesidad más básica: el alcohol. El problema es que, como veremos en los próximos capítulos, esa necesidad nunca queda satisfecha porque no puede quedar satisfecha. Es un círculo que nunca se cierra.
Si cenas cualquier porquería porque no te apetece preparar otra cosa, es porque ya has dedicado tu tiempo, tu energía y tu dinero a tu prioridad número uno. Para alimentarte solo queda lo que haya sobrado.
Y deshacer todo este entramado tampoco es sencillo. En teoría, bastaría con decidir que vas a dejar de darle prioridad al alcohol. Pero no funciona así. Estás atrapado en una de esas trampas chinas para los dedos, solo que mucho más complicada y tejida a lo largo de años.