PRIMERA PARTE — CLARIDAD

Capítulo 5 de 10

¿Por qué no puedo dejar de beber?

La adicción es mucho más que el acto de consumir una sustancia. El consumo es solo su manifestación externa.

La mayoría de las personas pueden recurrir a la fuerza de voluntad para dejar de beber durante unos días o unas semanas. Quizá aguanten sobrias hasta esa boda que se acerca o cualquier otro acontecimiento (siempre hay algo). Pero mantenerse sobrio a largo plazo es muy distinto. La diferencia está en que nuestra conducta a largo plazo depende casi por completo de mecanismos internos separados de la intención consciente (el pensamiento), y mucho más poderosos que ella. Entre ellos están los hábitos arraigados, las asociaciones aprendidas y las respuestas automáticas al deseo de beber o al malestar. Todos pueden seguir empujándote hacia el alcohol incluso después de que hayas decidido dejarlo.

El alcohol no solo debilita tu capacidad para resistirte a esos mecanismos, sino que además los refuerza. Ahora mismo tienen un control asfixiante sobre todo lo que haces. Y, mientras no los entiendas de verdad, seguirán teniéndolo.

Puedes decirte conscientemente «Voy a dejarlo para siempre, y esta vez hablo en serio» o «A partir de ahora solo beberé los fines de semana», pero a esos mecanismos internos les da igual, a menos que se hayan reorientado firmemente hacia otros comportamientos. Cualquier cosa distinta de beber les resulta completamente ajena. Sencillamente, no saben funcionar de otra manera. No es así como están hechos.

A pesar de tus mejores intenciones, esos mecanismos acaban tomando el mando y te devuelven a una situación miserable que conocen y en la que se sienten seguros, aunque a largo plazo te esté destruyendo. Los cambios de conducta a los que aspiras se quedan en simples buenos deseos.

Sin embargo, tu mente consciente sí puede empezar a reorientar esos mecanismos internos hacia lo que de verdad quieres. Y esa es, en esencia, la clave de la recuperación: convencer a los mecanismos que impulsan tu conducta de que hagan otra cosa.

Pero, antes de conseguirlo, tienes que entender qué está pasando.

No puedes cambiar lo que haces si no sabes por qué lo haces.

Entonces, ¿por qué haces lo que haces? Hay muchas razones. Algunas son imposibles de conocer. Pero, para lo que nos interesa aquí, podemos simplificarlas y agruparlas en tres cuestiones relacionadas que se solapan y entrelazan: la mente subconsciente, el sistema de la dopamina y el cerebro superior.

Modelo de los mecanismos del comportamiento. La mente subconsciente, el sistema de la dopamina y el cerebro superior se conectan mediante flechas en ambos sentidos; su interacción configura el comportamiento.

Por si fuera poco, ninguno de estos tres aspectos se comprende por completo. Cada vez sabemos más, pero buena parte de su funcionamiento sigue siendo un misterio. Si tenemos presente que estos modelos son herramientas simplificadas y no explicaciones exactas, podremos utilizarlos, junto con la experiencia práctica y la observación, para desarrollar soluciones.