PRIMERA PARTE — CLARIDAD

Capítulo 10 de 10

¿Por qué a mí?

Quizá a estas alturas te estés preguntando: «Pero ¿por qué a mí?»

Es una pregunta importante. Otras personas están expuestas a entornos y circunstancias parecidos, cuando no idénticos. Todos tenemos un sistema de la dopamina, un subconsciente y un cerebro superior. Y, sin embargo, no todo el mundo es susceptible de desarrollar dependencia del alcohol.

¿Por qué no?

La adicción es compleja. Entran en juego muchas cosas: el entorno, la genética, la neurobiología, la cultura, el desarrollo durante la infancia… y la lista sigue. Sencillamente, no es posible señalar una única causa: cada persona tiene sus propias circunstancias. En última instancia, nadie mejor que tú para juzgarlo, y merece la pena hacerse esa pregunta. Puede que nunca llegues a una conclusión firme, pero en el proceso descubrirás cosas valiosas. Mirar hacia dentro te ayudará a entenderte y a comprender por qué haces lo que haces.

En mi caso, creo que la hipersensibilidad desempeña un papel importante. Buscando respuestas, di con un libro de Elaine Aron titulado The Highly Sensitive Person6. En pocas palabras, su tesis es que entre el quince y el veinte por ciento de la población presenta un rasgo de personalidad de alta sensibilidad. Este rasgo se caracteriza por una mayor sensibilidad a los estímulos externos, un procesamiento más profundo de la información y una respuesta emocional más intensa. Pues sí, así soy yo.

Se ha propuesto que este rasgo es una adaptación evolutiva que podría beneficiar más al grupo que al individuo. Las personas muy sensibles podrían desempeñar el papel de «canarios en una mina de carbón»: dar la primera señal de que algo no va bien en el entorno y de que el grupo debe mantenerse alerta ante el peligro.

No sé si esta explicación es acertada, pero a mí me cuadraba mucho. Las implicaciones en cuanto a la adicción parecían ser dos. En primer lugar, los efectos eufóricos y anestesiantes del alcohol me resultan más intensos y atractivos de lo que podrían resultarle a otra persona. Y, en segundo lugar, cualquier programación subconsciente a la que estuviera expuesto quedaba amplificada por mi tendencia natural a sentir las emociones con intensidad: al fin y al cabo, la emoción es el lenguaje del subconsciente.

Comprenderlo lo cambió todo. No se trataba de que hubiera algo defectuoso en mí ni de que fuera culpa mía no conseguir sobreponerme. Sencillamente, mi vida no estaba organizada de una manera que favoreciera a alguien con estas características. Este rasgo no es bueno ni malo. Es lo que es.

Lo que recibo entra, se amplifica dentro de mí y acaba manifestándose con mayor intensidad en mi vida. Durante casi toda mi vida, me había expuesto, tanto de forma pasiva como activa, a un caos de estímulos discordantes. No había alimentado mi mente ni mi cuerpo con nada sano ni armonioso. Así que ¿por qué iba a esperar una vida armoniosa y saludable? Es muy sencillo: basura entra, basura sale. Y, en mi caso, esa relación es especialmente estrecha, más que en la mayoría de las personas.

La información recibida determina un resultado de discordancia o armonía.

FIN DE LA MUESTRA GRATUITA

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En Sobriedad práctica, las partes Estrategia y Sobriedad te ayudan a convertir lo aprendido en Claridad en un enfoque práctico para dejar de beber y mantener la sobriedad.