VISIÓN GENERAL
Capítulo 1 de 10
El camino de vuelta
El alcohol es veneno. Veneno para tu cuerpo, veneno para tu mente y, lo peor de todo, veneno para todo lo que podrías llegar a ser.
¿Te has divertido?
Claro.
¿Ha merecido la pena?
Ha habido buenos momentos, sin duda.
Pero hasta que no dejes de beber y descubras cómo podría ser realmente tu vida, no puedes responder que sí con conocimiento de causa. Y tampoco puedes hacerlo sin haberlo dado todo.
Si estás atrapado en un ciclo de intentos fallidos de dejar de beber, cuesta imaginar que la vida pueda ser distinta de la que conoces. El alcohol le roba la alegría a la vida: la música pierde fuerza, los colores se apagan y hasta el humor resulta tedioso. Beber parece lo único que merece la pena porque, cuando la alegría ha desaparecido, al menos consigue bajar el volumen del dolor: una sensación que, por algún motivo, sobrevive cuando todas las demás se han apagado.
Si estás leyendo esto, probablemente hayas llegado a un punto en el que el alcohol ya ni siquiera consigue eso. Pero, por mal que parezcan las cosas, ya asoman los primeros brotes de tu recuperación.
Hay algo dentro de ti que se niega a aceptar que esto sea todo. Que las cosas tengan que ser así.
De eso trata este libro: del camino de vuelta.
Sobre mí
Cuando me acercaba a los cuarenta, mi vida era un desastre. Los problemas que arrastraba desde hacía años con el alcohol me estaban estallando en la cara. Seguir así había dejado de ser una opción.
Hacia el final de la veintena ya sabía que algo iba mal, aunque ahora, mirando atrás, veo que las señales estaban ahí desde el principio. La primera vez que bebí fue en la fiesta de Navidad del colegio. Era a mediados de los noventa y yo tenía quince años.
La fiesta empezó por todo lo alto, pero apenas unas horas después yo había vomitado encima del árbol de Navidad del colegio. Hoy no recuerdo bien los detalles, pero, de alguna manera, aquello no tuvo consecuencias. Y, como no las hubo, seguí comportándome igual. Pasaron años antes de que entendiera, con la perspectiva del tiempo, lo que realmente significaba aquel episodio.
Ya en la treintena empecé a darme cuenta de que tenía un problema serio. Fue entonces cuando mis propósitos de beber menos o limitarme a los fines de semana se quedaron en eso: propósitos. No solo no bebía menos, sino que bebía más: más copas, con mayor frecuencia y de mayor graduación. Y a medida que pasaban los años, el problema empeoraba.
Empecé a intentar solucionarlo con mayor determinación y pasé por periodos de sobriedad de distinta duración. Cuando dejas de beber y superas lo peor del principio, las cosas mejoran rápidamente: te encuentras mejor, tienes mejor aspecto y tu mundo empieza a cambiar. El problema es que entonces te engañas pensando que puedes volver a beber y quedarte también con todo lo bueno.
No puedes.
Y la lección se repite hasta que la aprendes.
He perdido la cuenta de las veces que caí en esa trampa, pero fueron muchas. Y precisamente porque fueron tantas, pasé por ello una y otra vez. Y porque lo viví tantas veces, lo conozco bien: sé lo desesperanzador que puede llegar a ser, sé lo difícil que resulta, sé qué esperar y sé cómo hacerlo más llevadero. Eso es lo que quiero compartir contigo.
Al final alcancé la velocidad de escape. Hasta el punto de que, cuando llegaron los acontecimientos de 2020, ni siquiera se me pasó por la cabeza beber, a pesar de atravesar circunstancias muy difíciles. Ahora solo quiero ayudar a otras personas a conseguir lo mismo. Espero que, al compartir lo que aprendí durante aquel proceso tan largo y agotador, pueda ofrecerte un atajo hacia una vida mejor.
Antes de seguir, quiero dejar claro que no tengo ninguna titulación en asesoramiento sobre adicciones ni en nada parecido. Este libro no debe considerarse un sustituto de los tratamientos tradicionales de las adicciones. Probé todos los que tenía a mi alcance, y tú también deberías hacerlo. Son útiles, pero por sí solos no bastaron para que yo lo consiguiera.
Al final, solo pude resolver el problema cuando asumí toda la responsabilidad: busqué, leí, vi y escuché todo lo que pude sobre él.
Me utilicé a mí mismo como conejillo de Indias. Probé de todo para descubrir qué funcionaba. Observé y analicé cada tropiezo para entender dónde y por qué fallaba. Siempre que pude, abordé el asunto como un problema de ingeniería. También acepté, desde la fe, que el proceso entrara en terreno espiritual, aunque eso no tuviera sentido desde la lógica.
Lo que aprendí fue que, para mí, llevar una vida sobria siempre había sido posible. Solo necesitaba colocar las piezas y los mecanismos en una disposición que lo hiciera posible. En este libro he reunido, organizado y presentado los conceptos, las prácticas y las motivaciones que fui descubriendo por el camino.
A mí me funcionaron. Espero que a ti también.